El Norte Escolar

Edición del grupo La Voz del Cora de Colegio Corazón de María de Zamora

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Los Embajadores

Los Embajadores
Reportaje

30.11.2016 - Marcos Braña

"Los embajadores", pintada en 1533 por el alemán Hans Holbein el Joven, es una obra maestra del Renacimiento que no solo ha de ser mirada, sino también estudiada e interpretada. No basta solo con observar los objetos representados, es necesario ver lo invisible en lo visible, lo que oculta su riqueza simbólica.

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A simple vista, podríamos decir que nos encontramos ante un retrato doble, algo novedoso para la época, donde los personajes miran directamente al espectador colocados a ambos lados de una especie de mueble expositor. La identidad de estos dos hombres es bien conocida. Así, a la izquierda se encuentra el embajador francés Jean de Dinteville, y a la derecha, su amigo Georges de Selve, obispo de Lavaur y también embajador, que visitaba la corte inglesa en esas fechas. Se trata de la toma de posesión en el cargo del joven Dinteville, que encargó la obra a Holbein para conmemorar el acontecimiento. En aquellos días de 1533 todavía existía la esperanza de llegar a un acuerdo en las relaciones entre Francia, Inglaterra y el Vaticano, pero poco después, la excomunión de Enrique VIII supuso la ruptura definitiva entre las iglesias anglicanas y romana.

 

En el centro del cuadro se encuentran los estantes donde los protagonistas se apoyan y sobre los que se exponen una serie de objetos que encierran una marcada simbología. De esta manera, el globo celeste, el terráqueo, el torquetum (instrumento astronómico), los dos calendarios solares, el laúd, el libro de himnos y el de aritmética, suponen una recopilación de las artes liberales, que desde la Edad Media se denominaron Quadrivium y que identifican a ambos personajes como hombres libres del Renacimiento, pertenecientes a una minoría culta y privilegiada. Pero es que además cada uno de estos objetos tiene  una historia propia. Así, el laúd con una cuerda rota se ha interpretado como referencia a la división religiosa que sufría Europa en aquella época. Los calendarios solares fijan la fecha 11 de abril y la hora 10:30, y algunos investigadores la asocian al Viernes Santo de 1533. En cuanto a los libros impresos que Holbein pintó en la escena, destaca el libro de himnos luterano sobre el que se apoya de Selve, que simbolizaría su postura ideológica basada en la doctrina luterana de justificación por la fe, y no por las obras. Hasta el suelo pintado bajo los pies de estos dos embajadores sigue un código intencionado: imita el mármol de círculos concéntricos, y está basado en el pavimento real de la abadía de Westminster. Los personajes se colocan en el centro siguiendo la idea humanista y antropocéntrica tan de moda en la época del hombre como centro del universo.

 

El retrato de dos personajes es una muestra de su intención de representar la dualidad humana. Por una parte el "hombre de acción" en la figura de Dinteville, que orgulloso sujeta su daga. Por otra, el "hombre contemplativo", en el retrato de Selve, que apoyando su brazo derecho sobre un libro de oraciones tiene una actitud más serena. 

 

Pero si hay algo que concentra todas las miradas y supone una quebradura de cabeza para todo el que contempla el cuadro, eso es el objeto extraño que se apoya en el suelo. Se puede decir que toda la complejidad del lienzo se resume en esta desconcertante imagen. Parece un cráneo deformado y desde luego, no está ahí por casualidad. Técnicamente es una anamorfosis; es decir, una deformación intencionada de una imagen que solo puede ser corregida mediante un efecto óptico como puede un espejo curvo. Esta técnica innovadora obliga al espectador a situarse en una perspectiva concreta para poder ver la imagen correctamente. Este cráneo se interpreta como el símbolo universal de la mortalidad, se trata de una metáfora de la propia muerte de los personajes: nada escapa a la muerte que todo lo inunda. Una alegoría de la Vanitas muy frecuente en el pensamiento del siglo XVI. Ambos personajes, a pesar de toda la grandeza y solemnidad con que se nos presentan, siguen siendo mortales al igual que el resto de la humanidad y todo lo que han hecho en vida, no tendrá ningún valor.