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El Norte Escolar
 
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Hojas de papel

Colegio La Milagrosa

Salamanca

REDACCIÓN: Alba Avedillo Nieto, Irene Barbero Urrero, María Carvajal Delgado, Lucía García Hernández, Sergio Herrero Martín, Raquel Pozo García

Crónicas de Continente - capítulo 12

Crónicas de Continente - capítulo 12
Mapa de Continente

Llegamos a la duodécima entrega de nuestra historia, ¡esperamos que os guste!

10.12.2017 - María Carvajal y Sergio Herrero

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6 comentarios

Los mandamás de ambos bandos estaban reunidos en la sala de Reuniones del palacio de Sepht. Habían desplazado a todos sus hombres a la ciudad, donde no cabían todos y tuvieron que preparar zonas para dormir en las calles de la ciudad, lo que era peligroso, pero mejor que dormir fuera de la muralla, donde en cualquier momentos podrían ser atacados.

- ¿Dónde está?

- Aún no ha llegado, mi señor.

- Pues dile que se espabile. Si no llega tendremos que empezar sin él.

Una nueva figura apareció en la sala. Se trataba de un joven rubio de ojos marrones y piel pálida que daba una fuerte sensación de seguridad, aunque sus ojos expresaran lo contrario.

- No encontramos a Syrahe - todos los allí presentes se quedaron en silencio y dirigieron sus miradas hacia el chico - . Ha desaparecido.

- ¿Cómo que desaparecido? ¿Quién eres tú?

- Soy Haw, de Dohaer. Me han ordenado buscar a mi rey, y por más que lo he intentado, no lo he encontrado. He preguntado a todo el mundo, nadie le ha visto. Le he buscado por todos los rincones de Sepht y he pedido ayuda a locales que conozcan mejor la ciudad. No hay rastro.

- Pues tiene que estar en alguna parte.

- La última vez que le vieron fue después de que Meht prendiera fuego a la ballesta.

El caos dominó a todo el mundo, empezaron a gritarse los unos a los otros intentando encontrar una solución y enfadándose cada vez más al no ponerse de acuerdo. La voz de Mengh se alzó por encima de las del resto.

- Yo dirigiré los ejércitos.

Todos los Vralar guardaron un segundo de silencio y empezaron a recriminarle todo tipo de cosas, negándose a aceptarle como su rey y señor.

- No, no seremos dirigidos por nadie que no sea nuestro legítimo rey.

- ¿Haw, no? Bien, Haw, ¿cómo te atreves a desafiarme? Ahora soy tu señor, estás en mi palacio, en mi reino. Yo mando aquí y dirigo a todos los que pisen estas tierras. Te mataría pero todas las vidas son necesarias enfrentándonos a quién nos vamos a enfrentar. Te has salvado esta vez, pero será la última que te perdone, te aseguro que no volverá a pasar. ¡Arrodíllate ante mí y reconóceme como tu señor!

- Antes muerto. 

Después de gritar esto, salió corriendo, bajó las escaleras del palacio y salió a las callejuelas de la concurrida ciudad. Después de los siete días que había pasado allí, ya se conocía las rutas que debía seguir. Se movió con agilidad entre las personas que caminaban en todas direcciones y, tras un par de minutos corriendo, giró a la derecha en una cuesta oscura que bajaba hacia el puerto, y antes de llegar, giró de nuevo a la izquierda en otra pendiente que bajaba aún más y desembocaba en una pequeña caseta de madera cercana al mar. Se dio la vuelta, y después de comprobar que nadie le seguía, se introdujo por la diminuta puerta de la casita.

- ¡Ya estoy aquí!

- ¡Por fin! Me tenías preocupada, estabas tardando mucho.

- Lo sé madre, ha habido un pequeño inconveniente, pero todo está bien, no hace falta que te preocupes.

La cara de su madre había cambiado de alegría a una profunda intranquilidad. Podía ver más allá de los ojos de su pequeño, sabía que algo no iba bien.

- Verás madre, he oído que hay unas islas maravillosas y muy tranquilas hacia el sur. Deben de ser un lugar muy sereno y en paz. Me han dicho que un barco partirá hacia allí esta noche, y se me ha ocurrido que podríamos viajar hasta allí y...

Su madre tomó asiento y se llevó la mano a la cabeza.

- Irnos? ¿por qué quieres irte, Haw? Eras tú quien ansiabas volver a Dohaer, ¿ya no te quedan esperanzas?

- Madre, nos enfrentamos a algo totalmente desconocido. ¿Qué pasa si morimos?

- Tu padre murió en las Segundas, en la última batalla. Fue un hombre valiente que luchó por su pueblo y por el bien de Continente. Nacistemientras él moría. Al mismo tiempo. Dio la vida por ti, para que tuvieras un futuro mejor... No puedes hacer otra cosa más que agradecérselo y quedarte aquí, siendo parte de este ejército.

Dicho esto, la mujer se levantó, abrió la puerta y se fue, dejando a su hijo aún más pálido y casi sin respiración. En ese momento, Haw juró que haría lo que fuese necesario para vengar a su padre, y que lucharía por su misma causa. Devolver Continente a los Vralar.

comentarios

1

Marta | 13-12-2017 19:13

Qué emocionante, gracias chicos.

2

Pilar | 11-12-2017 21:53

Mis felicitaciones a los autores de esta cronología en la que estáis demostrando una imaginación sin límites.

3

Mary | 11-12-2017 20:53

Que ganas de leer la próxima entrega. El continente volverá a ser de los Vralar??

4

Rosa | 11-12-2017 17:56

No me cuesta pensar que el día de mañana seréis grandes escritores.

5

Pedro | 11-12-2017 00:13

Enhorabuena, Hojas de papel, por otro gran trabajo.

6

Carmen | 11-12-2017 00:13

Cada día está más interesante.