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Hojas de papel

Colegio La Milagrosa

Salamanca

REDACCIÓN: Alba Avedillo Nieto, Irene Barbero Urrero, María Carvajal Delgado, Lucía García Hernández, Sergio Herrero Martín, Raquel Pozo García

Crónicas de Continente - Capítulo 15

Crónicas de Continente - Capítulo 15
Mapa de Continente

Hoy os traemos el último capítulo de Crónicas de Continente. Esperamos que os guste y que la hayáis disfrutado tanto como nosotros

17.12.2017 - Sergio Herrero y María Carvajal

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4 comentarios

Con 708 de nuestro lado el plan era sencillo, a la par que casi imposible de llevar a cabo: con él montado en Meht soplaría el cuerno de Ogar cinco veces, algo que jamás se había hecho y algo cuyas consecuencias se desconocían. Tras ello, veríamos el panorama, y a partir de ahí se elegiría entre matar a los Quince a lomos de Meht o matar a su ejército una vez que los quisieran devolver a batalla.

El ambiente fuera era desastroso: los cadáveres llenaban todo el horizonte, y apenas se podía distinguir quién estaba vivo y quién no. Por el ambiente en el que se estaba desarrollando la batalla, todos estábamos de acuerdo: Septh no resisitiría mucho más.

708 se montó en Meht con el cuerno de la mano, le hizo volar y, desde ahí, hizo soplar el cuerno: una, dos, tres, cuatro, cinco veces. El cuerno se rompió y, de repente, todo se paró. Los Khe Zend miraron al cielo, y los dragones negros gruñeron. Aquello era desconocido para todos nosotros, al menos eso creíamos: uno de los Quince hizo sonar su cuerno. Su ejército se había quedado parado, y esos momentos fueron imprescindibles para los nuestros: aprovecharon y mataron sin piedad a todos los Khe Zend. Un soplido, dos, tres...

No llegó al cuarto: un enorme y dorado dragón lo evitó. Al momento todos lo supimos: Syrahe. Y aunque el penúltimo Vralar vivo apareció, el resto de jinetes Khe Zend hicieron sonar los suyos, y nadie podía evitarlo.

Al quinto soplido, el caos inundó la tierra de nuevo. Los nuestros, agotados, intentaron hacer lo posible por defender la ciudad, pero no lo consiguieron, y los pocos que quedaban vivos entraron en la ciudad. Tras la derrota en tierra, nuestra última (y única) baza era acabar con los Quince.

Los dragones negros empezaron a hacer arder las tierras más cercanas a la ciudad. Necesitábamos que Vaxes y Meht les hicieran frente: si llegaban a Palacio no habría marcha atrás y todos nuestros esfuerzos habrían sido en vano.

Cuando los dos últimos dragones Vralar parecían hacer frente a los quince volcánicos, una llama alcanzó a Vaxes, quien emitió un gruñido feroz. Se tambaleó, y la llama de otro dragón impactó de lleno en Syrahe, quien cayó al suelo, muerto.

Tras esto, algo inesperado ocurrió: doscientos barcos se estaban acercando a la costa de Septh. Cuando los primeros llegaron a la orilla, vimos de quiénes se trataba: eran los Threz, y venían a ayudar a los Khe Zend en esta batalla. Entraron por la Puerta Este, mientras los Khe Zend se aproximaban a la Oeste: estábamos rodeados.

Dentro de Palacio todo era un caos. Decidí buscar a Haw y hacerle saber la noticia de que Syrahe había muerto en batalla: al fin y al cabo, era su padre.

Estaba en el Balcón Real, admirando el cielo como si nada estuviera pasando.

- ¿Qué quieres?

- Es tu padre... ha muerto.

- ¿Cómo?

- Una llama le alcanzó y cayó del dragón.

Su cara había cambiado por completo. Empezó a tirar cosas hacia todos lados, y encontró uno de los cuernos que usaban los Quince para dirigir a sus dragones. Decidió tirárselo al más cercano: estaba apenas unos metros por encima de su cabeza, sobrevolando el Palacio:

- ¡Que te den!

Lanzó el cuerno e impactó en el dragón, quien se retorció de dolor. Fue cayendo, poco a poco, hasta acabar en el fondo del mar. Una enorme bestia había muerto por culpa de un cuerno, un cuerno que usaban los primeros habitantes de Continente para comunicarse estuvieran donde estuvieran.

- ¡Pues claro!

Me acababa de dar cuenta: los cuernos eran la magia ancestral de la que hablaba el libro: estaban presentes en Continente antes, incluso, de que llegaran los Primeros Habitantes, hacía más de diez mil años.

Necesitábamos cuernos: eran la única forma de acabar con los Quince. El plan había cambiado: 708 tenía que matar a todos los Threz, y los demás Lamo-Yeni tenían que coger cuernos. Salí del Balcón y fui a hablar con Roby.

- Dime que aquí hay una ballesta como la que usasteis en Ogar.

- Sí, sí que la hay.

- Pues llama al máximo número de personas y llevadla al Balcón Real.

Roby asintió y salió corriendo. Con 708 evitando el paso de los Threz por un lado y Vaxes por el otro, la batalla se había vuelto a nuestro favor. Sólo necesitábamos tiempo.

Pasó media hora y Septh resistía. Mengh y el resto de los Threz habían muerto, y 708 cambió de flanco. Los Lamo-Yeni trajeron ocho cuernos, y 708 tenía otros dos. La ballesta había llegado al Balcón Real y necesitábamos cargarla lo más rápido posible. 

Después de cinco cuernos lanzados y con cuatro dragones muertos, sólo quedaban diez. Mientras tanto, 708 se acercaba a los dragones de sus antaño aliados y les asestaba puñaladas, matando cuatro de esta forma. Al caer, algunos Lamo-Yeni se acercaban y apuñalaban a los cubiertos con el cuerno. Los seis dragones supervivientes rodearon la ciudad y empezaron a hacer arder el Palacio. Lanzamos los tres cuernos que nos quedaban y conseguimos matar dos más, y decidimos huir de allí. 

Aunque yo pude escapar, no todos corrieron la misma suerte: Guyb, Roby y la gran parte de los Lamo-Yeni murieron en las ruinas de Palacio. La ciudad se había convertido en el mismísimo VelnsTern.

Mientras tanto, Vaxes estaba haciendo trizas al ejército de los Khe Zend, poco numeroso, ya que sólo quedaban cuatro de los Quince con vida. 708, a lomos de Meht, se acercaba, sin éxito, a los dragones volcánicos. Lo único que podía hacer era lanzar los cuernos con la esperanza de poderlos matar.

- OGEUG - dijo 708.

El aire se tiñó, por un momento, de naranja. Vaxes y Meht se acercaron a los dragones volcánicos, quienes no veían nada debido a la densa llamarada que les rodeaba. 708 apuñaló al dragón más cercano y lo repitió:

- OGEUG.

Llegó al siguiente: sólo quedaban dos. Lanzó uno de sus cuernos a otro dragón, y murió: sólo quedaba uno, y estaba huyendo. Se dio la vuelta y calcinó, por completo, a Meht. Cayó muerto como Syrahe, y 708 quedó vivo de milagro. El problema era que ninguno de los dos cuernos había sobrevivido a la caída, de forma que no había ningún arma para matar a ese dragón.

708 se levantó y corrió hacia Vaxes. El dragón dorado, al verle, levantó las alas e intentó alzar el vuelo. Una vez que lo consiguió, se elevó hacia el cielo de Septh, y comenzó a batir las alas, haciendo que ellas reflejaran la luz. Se dirigió hacia el Oeste, hacia el mismo lugar donde todo había empezado: VelnsTern.

Apenas quedaban Khe Zend vivos, y los pocos supervivientes fueron recluidos. Haw fue coronado Rey de Continente, y se reconstruyó el Palacio Real de Septh. Hizo su primer anuncio como Rey en el mismo lugar en el que la Batalla de Septh dio un giro a nuestro favor, en el mismo lugar en el que se encontró un cuerno y lo lanzó hacia un dragón. Se tardó mucho tiempo en eliminar todos los restos de la batalla más sangrienta que Continente ha visto y verá, pero un día toda la tierra que rodeaba Septh eran flores y no sangre y restos de humanos y dragones.

Una mañana como cualquier otra, decido bajar a las celdas de los Khe Zend. Me llevo una grata sorpresa al saber que no están vivos: el último de los Quince, el que escapó de Septh, ya había muerto, y con él los Khe Zend están extintos. Subo las escaleras para difundir la noticia, pero al asomarme al Balcón Real me doy cuenta de que no hace falta: un enorme dragón dorado está batiendo sus alas, haciendo que ellas reflejen la luz hacia todos los rincones de Continente, como diciendo: "La amenaza ya no existe, podéis vivir tranquilos".

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comentarios

1

Carmen D. | 18-12-2017 00:20

Felicidades por el ejercicio de imaginacion y de redacción de esta magnífica historia.

2

Marta | 17-12-2017 23:56

Gracias por esta sección que nos ha tenido durante todo el tiempo enganchados. MUCHAS GRACIAS.

3

Pilar | 17-12-2017 23:14

María y Sergio, en equipo, han conseguido en estas semanas, hilvanar una historia que nos ha mantenido en vilo hasta el final. Vaya imaginación que derrochan estos chicos. Redacción impecable . Felicidades!

4

Irene | 17-12-2017 23:08

La voy a echar de menos...