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Colegio Corazón de María

Zamora

REDACCIÓN: María Ramos Fermoselle, Paula Álvarez Teso, Miguel Rodríguez Romero, Celia Pérez Zapater, Lucía Martín García, Mario Garzón Iglesias

ADVIENTO: ¡RENUEVA TU ESPERANZA!

ADVIENTO: ¡RENUEVA TU ESPERANZA!

El Adviento es tiempo de Renovación. Renovación de nuestra vida espiritual, de nuestra esperanza y de nuestra ilusión.

11.12.2017 - Benicio Rodríguez

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El Adviento es tiempo de Renovación. Renovación de nuestra vida espiritual, de nuestra esperanza y de nuestra ilusión. Después de tantos días y domingos ordinarios podríamos caer en la tentación de acostumbrarnos. Si nos acostumbramos, nos endurecemos, nos cansamos y nos aburrimos. Ésta es nuestra debilidad: que hacemos rutina hasta del misterio, hasta de Dios.

El adviento puede ayudarnos a recuperar la ilusión y el compromiso. Es como volver a poner el corazón a punto, a renovar el primer amor, como si todo se realizara por primera vez. No os acordéis de lo pasado, yo lo renuevo todo nos dice el profeta Isaías (Is. 43, 18-19).

Dios no sólo nos creó, sino que nos está creando en cada instante, viene siempre. Por eso Jesús nos invita a vivir constantemente con esperanza vigilante. La esperanza ilumina la existencia, permite entenderla con profundidad y ayuda a tener despierta la resistencia frente a tanta frivolidad. Una esperanza renovada y vigilante nos ayudará a abrir horizontes nuevos, desencadenados del pasado y con perspectivas de futuro.

Antes de Navidad tenemos el Adviento. Hay que entrar en él con entusiasmo. Entrar en él significa entrar en el mundo de esa esperanza vigilante y creativa, que no es vacía, sino seguridad absoluta, pues llevamos dentro la respuesta misma: Jesucristo. No buscaríamos a Dios si no lo tuviéramos ya en nosotros, dice San Agustín; una esperanza que no trae consigo engaño ni pasividad, sino inquietud, movimiento, deseo de vivir, ansia de encuentro, que se abre a la vida, a la luz, a la paz, al nacimiento de Cristo.

Entrar en adviento es entrar en ese gremio de quienes se ofrecen para ser pregoneros del mensaje de Dios que tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo; es entrar, a la vez, en la dinámica de la Navidad, de la acampada de Dios en la tierra: Y la Palabra de Dios se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, nos dice San Juan (S. Juan 1, 14).

Entremos en adviento con estos sentimientos, con la esperanza firme de encontrarnos con Dios en el misterio de la Navidad. Teniendo siempre presente en nuestra mente y corazón:

- que al final de la noche aparece el día,

- que al final del invierno surge la primavera,

- que al final del adviento brota Dios en nuestra naturaleza.

La esperanza es la temperatura del amor que tenemos al Dios que desea vivir con nosotros, haciéndose visible.