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CONOCIENDO A UNA PERSONA MUY ESPECIAL

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Mi abuelo es el de blanco

Continuando con esta gran sección hoy entrevistamos al abuelo de una de nuestras redactoras, nos cuenta como vivió su niñez su adolescencia, alguna anécdota...

22.11.2020 - Sara Hernando

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Hoy volvemos con esta sección tan interesante, hoy me toca a mí, Sara Hernando.

Mi abuelo, Daniel Hernando nació en Gadalajara, Castilla la Mancha el 31 de agosto de 1941, fue el segundo por edad de sus cuatro hermanos que junto a sus padres formaban su familia. A sus dos años de edad por motivos profesionales de su padre se trasladaron a vivir a Valladolid.

Sus primeros años, allá por 1943 fueron felices, eso si, dentro de la escasez, estudió en La Inmaculada de los Hermanos Maristas hasta bachiller, fueron años felices que no ha olvidado y solo por la enfermedad de su padre tuvo que abandonar y marchar a vivir con su abuela y tías, cuando se recupero volvieron a la casa paterna.

Recuerda los juguetes que tenían tan distintos a los de ahora, eran eminentemente manuales podría decirse de esfuerzo, por ejemplo el aro que era un artilugio con un manillar con el que corrían por la calle, sin peligro a los vehículos (escasos por aquellos años) pero que precisaba de una cierta habilidad y esfuerzo en el manejo; las bicicletas eran un lujo.

Sus propinas los domingos eran de céntimos que al cambio sería 3 de los actuales, pero les daba para comprar bastantes chuches.

Recuerda que en verano iban al río a bañarse, ya que, las piscinas eran escasas y además se divertían mucho más, aunque con más riesgo.

Llegando al año 1952, ingresó interno para estudiar Formación Profesional en las escuelas de Cristo Rey de los jesuitas de donde posteriormente y por vocación ingresó en el Ejército en 1956; ha permanecido en esta profesión hasta su jubilación cumpliendo con sus deberes de padre de 3 hijos, los cuales le han dado 5 nietos (3 niños y 2 niñas) .

Como anécdota recuerda que cuando cuando llegaba la hora de retirarse en invierno, los dormitorios eran comunes de 80 soldados y cada uno tenía dos mantas y dado el frío que hacía, esperaban a que alguno se durmiera para quitarle la manta.

Otra de las curiosidades era que a los que ingresaban voluntarios les enseñaban a tocar la trompeta, que era el instrumento que se utilizaba para anunciar los distintos actos, el toque era distinto para cada acto y se lo tenían que saber de memoria. La comida se servía en un plato y un cubierto de metal y cada uno después de comer lo lavaba y guardaba en su taquilla.

Por lista y cuando les tocaba o les arrestaban, tenían un servicio de cocina donde pelaban patatas para las comidas.

Por último, por la noche cuando todos dormían, se nombraba a un compañero cada dos horas, por tanto 4 por noche para avisar si surgía algún imprevisto.

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